Duelos y quebrantos

Mi aportación para este primer suplemento de Villa y Corte, el juego de rol del Siglo de Oro, fueron dos aventuras que podían jugarse de forma independiente o conectadas entre sí. La intención fue ofrecer una amplia panorámica de las posibilidades del juego, desde los duelos de esgrima en callejones oscuros hasta los secretos de la alquimia, pasando por los misterios religiosos, los cortejos a medianoche y las criaturas irracionales que aún se atreven a desafiar los edictos de la ciencia y la fe.

Sobre el libro

Fecha de publicación: 2023

Editorial: Nosolorol

Edición: impresa y digital.

El primer suplemento del juego, titulado Duelos y quebrantos, se concibió como una puerta de entrada a la nueva edición de Villa y Corte, uno de los juegos de rol creados en España más reconocidos y longevos, junto a su hermano mayor, Aquelarre, nacidos ambos de la mano de Antonio Polo y Ricard Ibáñez.

Mi tarea, en este caso, fue escribir dos aventuras: Grajos del Diablo y El ángel desvanecido. La primera la concebí como un entremés, que es el nombre que propone el juego para las aventuras cortas que pueden jugarse en una única sesión, mientras que la segunda, más ambiciosa y extensa, permite sumergirse en oscuras intrigas entre familias pudientes de Madrid, donde no faltarán sorpresas alquímicas, duelos, cortejos mortales y macabras redondillas a medianoche.

Intervenciones

  • Autoría de la aventura Grajos del Diablo
  • Autoría de la aventura El ángel desvanecido
  • Revisión y maquetación del libro.

colaboradores

  • Juan Sixto (autor de la aventura El juego de los bolos)
  • Ricard Ibáñez (autor del escenario Los tratos de Argel)

Grajos del Diablo

Como buen entremés, esta historia se escribió para entretener a los jugadores durante una única sesión, más o menos breve, aunque también sirve de preámbulo a la comedia El ángel desvanecido. Los hechos planteados servirán para que los personajes se conozcan y den unos primeros pasos por las calles de Madrid mientras afrontan un misterio cuyas consecuencias podrían acompañarlos durante largo tiempo. Los niños hablan de extrañas criaturas invisibles a las que llaman piojas, que parecen rondar el campanario de la iglesia del convento de San Norberto. ¿Serán ellas las responsables de los casos de enfermedad y desdicha que azotan a la parroquia?


Y luego está lo otro… una circunstancia que se encargarán de relatar las demás mujeres, en actitud de comadreo, interrumpiéndose unas a otras mientras tratan de explicar que algunas personas dicen ver extrañas criaturas en los cielos. Hablarán de bandadas de aves que aparecen y desaparecen, que golpean los tejados y chillan como si cargaran en sus alas el lamento de los difuntos. Algunas viejas les llaman grajos del demonio. Parecen acudir al atardecer y se vuelven especialmente activos al escuchar el tañer de las campanas. Hay quien los ha visto abalanzarse sobre los transeúntes, sin que ellos lo perciban, y quien habla de ojos endemoniados entre el plumaje.

El ángel desvanecido

Escribí esta comedia para ofrecer una panorámica amplia y variada de las posibilidades de Villa y Corte, así que en ella reservé espacio para barrocos lances románticos, cuestiones de fe, entrechocar de aceros, algo de alquimia e incluso devaneos con el demonio. La acción transcurre en Madrid, y se mencionan algunos de sus rincones emblemáticos, pero con cuatro hábiles pespuntes cualquier director de escena puede ubicarla en otros territorios de la España del Siglo de Oro. Todo comienza con la desesperada petición de auxilio de una madre, cuando su hijo acaba de ser asesinado. Grande será la sorpresa cuando la mujer, tan piadosa como influyente, pide que encuentren al asesino de su hijo… pero no para ajusticiarlo, sino para concederle perdón. Y este será solo el primero de los extraños giros que dará la historia, mientras la ciudad se enfrenta a un mal que agita sus alas desde los campanarios y que amenaza con propagar una peste letal por toda Madrid.


Durante mi desvanecimiento tuve visiones terribles: las calles repletas de piras de cuerpos muertos por la peste, y la peste misma que tantos estragos está causando en Andalucía, como una bruma roja cuajada de aves infernales, arrebujándose sobre casas y gentes, bajo un cielo oscuro y tormentoso. Y también vi la forma de un ángel furioso y vengador entre las nubes, observando nuestra villa, juzgándonos. Esto no puede ser más que un aviso, una revelación.

Cuando escribo para un juego como Villa y Corte, que, pese a sus concesiones a la ficción, mantiene una gran carga histórica, siento la doble responsabilidad de ofrecer detalles bien documentados, pero explorando en igual medida los aspectos legendarios. Encontrar ese equilibrio suele resultarme obsesivo.

José Lomo